Mercado Negro

Intercambia tus ideas

Subscribe
sábado, 3 de diciembre de 2011

Sofía Coppola

Publicado por Vanessa Cortés Peralta


Sofía Coppola nos brinda un cine casi olvidado por la mayoría de los directores contemporáneos, un cine capaz de mostrar realidad y dar vida a la esencia de un personaje bien estructurado. Luego de un traspié logró encontrar al hombre común que buscó Barton Fink, personaje principal de la película de los hermanos Coen que recibe el mismo nombre. Empezando desde cero puedo imaginarla sin saber qué crear, qué experiencia vivida mostrar, o qué aspecto de su vida utilizar.

Escribió y dirigió su primera película “Vírgenes Suicidas” en el año 1999, basada en la novela de Jeffrey Eugenides. La película da a conocer una familia disfuncional dentro de un entorno ajeno a la realidad, en la cual la menor de cinco hermanas decide suicidarse. El intento de Sofía para seguir el legado de su padre (Francis Ford Coppola, famoso director de Hollywood) la lleva a crear una vaga interpretación de la novela.

La historia se presenta bajo una perspectiva muy femenina, netamente juvenil/romántica. A falta de imaginación para crear personajes que puedan representar bien su papel, emplea a un narrador para que haga ese trabajo y crea personajes carentes de autenticidad: típicas chicas populares clonadas, cinco amigos obsesionados observándolas por un telescopio -¿qué adolescente sociable observa a chicas por un telescopio?-, padres estrictos y religiosos aparentes pertenecientes Opus Dei. Pese a la falta del desprendimiento de sus estereotipos logra dar el mensaje deseado a los espectadores: el paradigma de las familias de la época, teniendo como objetivo primordial la imagen frente a los demás, la ética, la moral y las virtudes religiosas. Ante la devastación de las mismas dentro de casa.

Su dirección, sin embargo, fue muy por encima de mis expectativas. Empleó tiempos muertos que dan a entender que la procesión va por dentro para aquellas personas dichosas de lo superficial. Deja correr la historia con escenas cortas. La música conecta con los adolescentes de la época y recrea momentos cómicos muy ingeniosos. Emplea el sonido externo, ya sea de una televisión o de una clase en conjunto con los personajes logrando una relación entre ambos. Crea con ayuda del director de fotografía una atmósfera cálida en momentos familiares, y otra fría para la muerte de las hermanas.

A inicios del 2004, Coppola demuestra su madurez al escribir y dirigir “Lost in Translation”, reflejándose en sus personajes y exponiendo su aparente desagrado a viajar a países extranjeros con los que no comparte nada en lo absoluto.

Emplea diálogos cortos con imágenes largas que sólo dejan en claro la trama de la historia: la soledad y el desencaje que pueden sentir los protagonistas estando rodeados de gente en un país que no comprenden. Pasada la mitad de la película recién se distinguen diálogos profundos donde los protagonistas comparten sus miedos, deseos, gustos y anhelos, dándose cuenta que sus diferencias hacia ese mundo en el que están sumergidos los asemeja, sin llegar a ser nada más que dos solitarios en compañía.

Creó una historia en la cual el protagonista no se queda con la chica; la deja marchar porque es lo correcto. Dejó de lado al narrador permitiendo que sus propios personajes se presenten, dejó también la toma rápida y se enamoró con los tiempos muertos para demostrar lo difícil que puede ser encajar en un país completamente ajeno al propio. El sonido a cargo de Richard Beggs fue impecable. La recepción, las voces lejanas del bar del hotel, la calle, las máquinas de juegos, todo se sentía muy real.

Le entregó la posta al Director de Arte y Fotografía para reflejar cómo es Tokio desde la perspectiva de un extranjero. Esa realidad mostrada en pantalla es impecable, empleando situaciones cotidianas tan simples y a la vez tan deslumbrantes como lo hizo al colocar a la protagonista frente a la ventana de su hotel con la vista gigantesca de Tokio desde arriba. No hace falta sobrecargar nada. El mensaje de tenerlo todo sumado el sentimiento de ser nada se da a entender automáticamente sin tener que pronunciar palabra alguna.

Aparentemente, su estilo es mostrar personajes que desencajan en su entorno. En el 2010 da vida a “Somewhere”, una película lenta y lineal donde nada desentonará ni nada será de sorpresa. Historia de un hombre que vive sin ser necesitado, sin ser amigo y sin ser querido. No es más que una cara bonita con capacidad de memoria para poder desempeñarse como actor Hollywoodense, hasta que llega su hija y al vivir con él experimenta una muy bien merecida compañía.

Coppola tiene manejo total de todos los recursos para mostrar cómo quiere que se vea su personaje, el atuendo que tiene que tener, qué atmosfera recrear con la luz, qué sonidos captar, qué movimientos de cámara usar; pero sobre todo ha desarrollado gran técnica al emplear tomas largas que sirven más que los diálogos.

Nos brinda un cine con personajes reales. Nos permite conocerlos y ellos nos dejan pertenecer a su mundo y sentirnos parte de su entorno.

0 comentarios:

Publicar un comentario