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sábado, 3 de diciembre de 2011

Distancias Prudenciales

Publicado por Vanessa Cortés Peralta

<<Pues si te soy sincera, a mi hermana yo apenas la conozco – dice Mari-. No sé qué hace y tampoco sé qué piensa. No sé con qué gente va. Ni siquiera sé si tiene o no preocupaciones…>> (Murakami, Afer Dark,2004, P.202.)

Convivir con alguien no es nada fácil, especialmente si es una convivencia forzosa, específicamente entre hermanos. No acercarse a un hermano por celos puede conllevar a rechazarlo por el resto de la vida. Los celos pueden surgir desde la niñez y perdurar toda una vida; surgen por el favoritismo de algún familiar cercano, como el trato de la madre o del padre. Muchos sentimientos se ven involucrados como la sensación de rechazo, como si tuvieran a su preferido en la familia y, por consiguiente, se siente el segundo o el menos importante.

Además, otro factor muy importante son los gustos que tiene cada uno. Si tienen diferentes formas de ser no van a tener nada de qué conversar, porque sienten que son distintos como para entablar un diálogo. Cada uno adquiere sus propios amigos y ambientes diferentes, en los cuales se sienten cómodos y se va formando una manera de pensar distinta. No se puede olvidar que la diferencia de edades también puede influir en que sean dos extraños conviviendo bajo un mismo techo.

<<…Eri estaba tan ocupada que su agenda rayaba en lo demencial. Posaba como modelo para revistas de adolescentes, recibía un montón de clases y todo el mundo le cantaba las alabanzas. Y, claro, para mí no tenía tiempo. Vamos, que en la época en que más falta me hacía ella no pudo responder a mis necesidades. >>(Murakami, After Dark,2004, P.157)

Al experimentar todo esto se crea un ambiente de independencia. No hablarse, no saludarse, no percatarse de la presencia del otro se vuelve la rutina diaria. Estas acciones hacen que cada uno realice su propio estilo de vida. Es así como se crean las personalidades distintas entre dos hermanos que viven en una misma casa. No es precisamente intolerancia, sino que no saben cómo tratarse uno con otro. Llegando algunas veces hasta el rechazo por pensar que no es querido.

Pese a la independencia que generan los diferentes gustos o los favoritismos de los padres entre los hermanos, existe un sentimiento incapaz de poder ocultarse  por siempre. La soledad. Saber que se tiene un hermano o hermana con la que a duras penas se comparte un saludo forma una sensación de vacío por dentro; por fuera se intenta fingir tranquilidad pese a la tristeza. Este sentimiento tan fuerte va de la mano con el miedo, miedo a estar solo, a no ser necesitado, pensado o extrañado por nadie.

<<Cuando fui pequeña no tenía la menor confianza en mí misma; era muy tímida. Y en la escuela, por eso, los otros niños se metían siempre conmigo; era un blanco fácil. ¿Sabes que aún conservo dentro de mí todas aquellas sensaciones? Incluso sueño a menudo con ello.>>(Murakami, AfterDark, 2004, P. 204)
  
La convivencia tiende a ser vista como un medio por el cual se puede adquirir o fortificar lazos de confianza, cuando realmente puede provocar completamente lo opuesto. El convivir con alguien para algunos es una decisión, pero para otros es una imposición. Esto conlleva a un conflicto tanto interno como externo, es decir, estar supeditado a vivir con alguien por más de dieciocho años genera efectos negativos o positivos en las personas. Entre los negativos tenemos: inseguridad, incomodidad, baja autoestima, agresividad, entre otros.

La persona se volverá insegura si es que en su crecimiento nota que su personalidad es opuesta a la de su hermano, por ejemplo uno es muy extrovertido y el otro es introvertido, o, si es que encuentra o piensa que existe un favoritismo por parte de los padres. La incomodidad se genera al no contar con un nexo conector, ya sea en gustos o en amistades. Por lo tanto, se tiende a evitar la cercanía del otro. Esto trae consigo la baja autoestima o la agresividad cuando realmente todo es producto de una mala comunicación.

No es que los hermanos no se quieran o no se toleren, es que al presentar estas diferencias se tienden a alejar por no saber comunicarse entre sí, eso causa que ocurran mal entendidos, discusiones, maltratos físicos y/o verbales causando la lejanía de ambos,  cuando realmente lo que necesitan o quieren por dentro sea comprensión y compañía.

Cada uno está en una etapa diferente en el mundo interno. La edad no importa: si es un adolescente o un adulto, la separación será de todas maneras definitiva. Al crecer se forman vidas distintas, personalidades propias, que al no saber manejarlas provocan serios daños internos; lo que para una persona puede ser una distancia prudencial, para otra puede ser un abismo imposible de cruzar.

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